

A Don Osvaldo Pugliese
Por Madrio Rojman
Vibran hoy las ocho esquinas,
el barrio tensa el cordaje,
para rendirle homenaje
a una figura genuina;
tan humilde y cristalina
que su recuerdo florece
al tiempo que languidece
este siglo demencial.
Ese genio de arrabal
es Don Osvaldo Pugliese.
Hoy el alma de Carriego
anda rondando tu esquina,
florecieron las glicinas
y está Gobbi, el andariego;
Bardi, con su gallo ciego,
nos mira desde el pescante.
Mariposas deslumbrantes
sobrevuelan tu recuerdo,
y silba un tango muy lerdo
algún curda itinerante.
Tu límpida trayectoria,
transparente y distintiva,
mantendrá por siempre viva
la llama de tu memoria.
Sos un jalón en la historia
del dos por cuatro la esencia,
de tus tangos la excelencia
nos dejó a todos inmersos
y el barrio fue el universo
de tu mágica existencia.
En este ámbito espacial,
con tu gente y su rutina,
en los patios las glicinas
vos plantaste el cenital
de un porteñismo ancestral
fundando una cofradía.
Mezcla de duende y mesías
de nuestra generación
que, con honda devoción,
curte tu tangolatría.
Fuiste ilustre ciudadano
no sólo por un decreto;
te profesamos respeto
avezados y profanos.
Más que músico, artesano,
en constante evolución.
Sin buscar figuración,
una vez, como en un cuento,
tu señorío y talento
te llevaron al Colón.
En esta recordación,
fervorosa y elocuente,
te rinde culto tu gente,
los muchachos del tablón.
Flores de cardo y malvón
aromatizan el aire,
dejando, como al desgaire,
con su perfume orillero,
este toque milonguero
de tu ciudad, Buenos
Aires.
Hoy nuestras almas se inundan,
y nuestro cuore se eleva,
en el piano de La Beba
está sonando La Yumba.
Las mariposas que zumban
en el aire enrarecido
esparcen su colorido
en este vasto escenario
y tu gente, la del barrio,
te dice que no te has ido
Del libro: "Del samovar al saquito", Editorial
Parque Chas Ediciones, 1999, Colección "El Laberinto".
